Pedagogía Crítica

miércoles, mayo 04, 2005

BREVE ESBOZO SOBRE EL CUERPO COMO OBJETO DE CONOCIMIENTO

nosotros ni siquiera sabemos lo que puede un cuerpo;
en sus esfuerzos y sus resistencias.
Deleuze, 1985
el cuerpo es una gran razón
Nietzsche

“Cuerpo” en tanto objeto de estudio, no pertenece a una sola disciplina, lo cual no quiere decir que carezca de una definición que no sea aquella naturalizada por la biología. Una definición de cuerpo y corporeidad que sea, con permiso de los positivistas, literalmente mágica, como la de Gadamer (1998), para quien es imposible disociar el cuerpo de la vida: ese pequeño espacio y esa corta duración que ocupa nuestra vida en el seno del mundo inmenso tomado como un todo. Aquellos estudios contemporáneos: poscoloniales, sociología de la cultura, análisis del discurso, estudios identitarios, etc., presentan ese cuerpo, no el biológico, sino histórico, tanto en sus dimensiones individuales como colectivas.

Por tanto, pensar el cuerpo exige identificar su genealogía: el cristianismo y la filosofía moderna operaron una escisión entre “alma-cuerpo”, “intelecto-sensibilidad”, “mundo sensible-mundo suprasensible” y, a través de técnicas de autocontrol, negó el deseo[1]; la misma educación en sus primeras formas institucionales presentó al poder como tecnología de manejo de cuerpos: la disciplina, los exámenes, tan brillantemente descritos por Foucault en “vigilar y Castigar”. Solo recientemente, la filosofía contemporánea, retomando el camino señalado por Nietzsche, revaloriza el cuerpo como instrumento de conocimiento y “vehículo de comunicación”.

Por tanto pensar el cuerpo supone reconocer que el imaginario patriarcal, entre otros efectos, ha jerarquizado la diferencia, que ha construido la representación de la homosexualidad como cuerpo para la exclusión. En ese sentido la exploración del cuerpo por parte del pensamiento contemporáneo y la reivindicación del derecho a la opción sexual ha rebelado nuevas pistas para pensar alternativamente las diferencias rompiendo los estereotipos de masculinidad y feminidad. En el campo del currículo, la teoría queer (una especie de unificación de los estudios gays y lésbicos[2]), analiza la identidad sexual conectada a la identidad cultural y social; a través de la “rareza” se busca perturbar la tranquila “normalidad” aplicando la teoría de la construcción social al campo de la sexualidad. Ésta teoría marca un giro epistemológico: al hacernos pensar “raro” ella nos obliga a considerar lo impensable, lo que esta prohibido pensar, en lugar de simplemente considera lo pensable, lo que esta permitido pensar. En ese sentido la pedagogía queer no se limita a introducir cuestiones de sexualidad en el currículo o que se incluya materiales que combatan la homofobía, sino estimula que la cuestión de la sexualidad sea seriamente tratada en el currículo como una cuestión legitima de conocimiento e identidad, y no ligada solamente a aspectos biológicos y reproductivos. [3]

Pensar el cuerpo es pensarlo en los imaginarios, que son las representaciones que nosotros nos forjamos de nosotros mismos y de nuestro entorno. Sin embargo, en nuestro medio esas miradas aún no están abiertas, no se ha reparado en la construcción social del cuerpo, cerrando los ojos a las variadas tribus que en nuestro campus habitan: Góticos, Blacks, Hippies (que quedan muy pocos), alternativos, indigenistas, modernos, elegantes, etc., que mucho tienen que ver con su entorno y en algunos casos con el imaginario que despierta cada una de las carreras universitarias.

Éste texto se inserta por tanto en ese cruce de caminos[4], y las preguntas también quedaran planteadas en esa intersección. Existe un trabajo de Bourdieu[5], que permite, por ejemplo, acercarse a una concepción política del cuerpo. Ahí el cuerpo es leído como un producto social y, por lo tanto, atravesado por relaciones de poder, dominio y de clase, con lo que puede pensarse una noción (y percepción) del cuerpo de quienes son “dominados” y quienes “dominan”.

Pero ¿cómo sustentar esta percepción dicotómica frente a la multiplicidad de manifestaciones y formas del cuerpo en la actualidad? La etapa posmoderna y ciertas ideas post estructuralistas rebelan la crisis de las clasificaciones binarias del tipo normal-anormal, moral-amoral, bello-feo, y sin embargo si es que el cuerpo es un producto social ¿será que pueden leerse en él las relaciones de dominación? tiene alguna manifestación corporal las relaciones de clase, o todo es una confusión posmoderna de características corporales?

Como anota el sociólogo francés, el cuerpo es un producto social modelado (o construido) en relaciones sociales que le dan forma. Esta construcción desnaturaliza al cuerpo, desnaturaliza las diferencias; y es que a través del cuerpo hablan (y son leídas) las condiciones de trabajo, los hábitos de consumo, la clase social, entonces el cuerpo es un texto donde se inscriben las relaciones sociales de producción y dominación. El cuerpo aparece así con un carácter históricamente determinado. Esta construcción es también una particular forma de percepción social del cuerpo, es decir, a los aspectos puramente físicos se le suman otros de tipo estético, como el peinado, la ropa, y también los códigos gestuales, las posturas, las mímicas. Y así el cuerpo es aprendido.

La desigualdad con que se ordena una sociedad tendrá, por tanto un sistema de distribución desiguales de los rasgos corporales. Las propiedades corporales, en tanto productos sociales, son aprehendidas a través de categorías de percepción y sistemas sociales de clasificación, que no son independientes de la distribución de las diferentes propiedades entre las clases sociales, una de ellas el sistema educativo; las taxonomías corporales tienden a oponerse jerarquizando las propiedades más inaccesibles entre los que dominan y las más corrientes entre los dominados.

Se ha arribado a la construcción–percepción de un cuerpo de los que dominan (cuerpo legítimo) y de un cuerpo de los dominados (cuerpo ilegitimo o alienado), ambos están unidos por una relación de complementariedad: la ausencia de unos rasgos en uno, habla de los rasgos que estarán presentes en el otro.

De esta manera, si el cuerpo legítimo es “naturalmente” suelto, el cuerpo alienado será “naturalmente” torpe. Por ejemplo, el cuerpo desgarbado de los Hippies a finales de la década del 60 (en lo que niega) habla del cuerpo legítimo del soldado que combate en Vietnam y hoy en Irak. ¿Pero cómo interpretar ésta perspectiva de análisis frente a las múltiples manifestaciones del cuerpo (y de las miradas) que se dan en la actualidad? ¿Cómo distinguirlo en la fauna que significa la diversidad corporal “neobarroca”?[6]

Es muy posible que la multiplicidad no haya disuelto la línea de separación, es probable que ella se haya recorrido, o mejor, quizá sea una superficie; “la era del vacío” con su hedonismo, su interés profundo por el cuerpo que se somete a técnicas de cuidado y reciclaje: aeróbicos, dietas, cirugía, cultos solares y terapéuticos, que alimentan un nuevo y obsesivo imaginario del cuerpo. Un imaginario que aparece ligado a las prácticas y consumos urbanos. Y también de aquellas “otras” que se ven alternativas, diferentes, en las cuales la línea de separación es un horizonte, en el que conviven en una nueva “normalidad” (aún no aceptada): travestíes, físico-culturista, transexuales, transformistas, andróginos, Punks, etc.

Pero aún así hay “otro lado”, la periferia del “afuera”, un cuerpo alienado, en la marginalidad de la ciudad, en los emigrantes rurales, o ilegales; aquellos hombres y mujeres sistemáticamente interceptados por el poder con la intención de verificar su “identidad”, ni hablar de aquellos jóvenes (y otros no tanto) marginales, muchos de ellos con tatuajes (no de aquellos prolijos y multicolores que se ha puesto de moda) de tinta china, tatuajes que son marcas de su cuerpo no legítimo.

¿Qué los hace sospechosos en el transito por la ciudad?: la “portación” de cualidades no legítimas. Me niego a creer con Lipovetsky[7] que la era de la “personalización” inaugure un mundo de nuevas y amplias libertades (la dominación, la exclusión, o la lucha de clases no sólo habitan en los discurso). Surge entonces una última pregunta: ¿son validas las nociones de Bourdieu para acércanos a la problemática del cuerpo en la sociedad de nuestros días? Yo creo que sí. Sino ¿Qué sentido tendrían las puertas de servicio?

Raúl Álvarez O.

[1] Los filósofos, dice Zaratustra, son “los despreciadores del cuerpo”.
[2] La traducción al español es “raro”, pero con connotaciones peyorativas hacia los homosexuales
[3] Sobre la teoría ver Moreira (1997); Silva (1993, 1996, 2001); Britzman, 1995.
[4] Así define Octavio Paz “cultura”, por ejemplo.
[5] Bourdieu (l981) "Notas provisionales sobre la percepción social del cuerpo". En: Materiales de sociología crítica. La Piqueta. Madrid.
[6] El concepto de neobarroco alude al tono de época. Tal como lo piensa Omar Calabrese en “La era Neobarroca”, Cátedra, Madrid, 1989.
[7] Lipovetsky, G. La era del Vacío, Anagrama, Barcelona, 1986
Ò Investigador del Departamento de Desarrollo Curricular, UMSS.